sábado, 14 de septiembre de 2019

Shibari: Dolor o placer

INSTITUTO UNIVERSITARIO DE BELLAS ARTES
 LICENCIATURA EN ARTES VISUALES

 Proyecto de investigación Shibari: Dolor o placer
 QUE PRESENTA: Virgen Domínguez Edgar Antonio
 El Cóbano, Cuauhtémoc, Col.
 A 12 de mayo 2019


Existen multitud de imágenes, contextos y prácticas que nos erotizan que en su gran mayoría son mal interpretadas por el público dándoles un concepto o teniendo una creencia errónea de lo que pasa durante esta práctica. Es sencillo imaginar sufrimiento y dolor al visualizar una imagen de una mujer atada de pies a cabeza, colgando o en posiciones en las que nunca imaginarias que el cuerpo humano llegase a contorsionarse. Cada persona, desde nuestro contexto específico, desarrollamos nuestro propio mapa de deseos, nuestro propio imaginario erótico y de placer que irá cambiando, matizándose y reestructurándose (2016, Beloki, M.). 

La intención de mi investigación es borrar esas ideas erróneas de la mente del espectador, sacar ese pensamiento de que el shibari o kinbaku es una para causar dolor, sufrimiento o incluso que pertenece a algún tipo de culto o secta. Claro esta que esta práctica no es para cualquiera o para nodos si no para aquello que intentan abrir su mente y cuerpo a nuevas experiencias físicas, emocionales y psicológicas. Pero existe el problema de que es mal visto ante algunas maneras de pensar o cuestiones morales y la gente suele mistificar o satanizar esta práctica ya que ignoran lo que realmente este refinado arte de las ataduras, más allá del erotismo sino también como arte visual.

 En la información que encontraran a continuación, hablaremos un poco también sobre la historia del shibari, desde sus orígenes con Itoh Seiyu (padre del shibari) y refinada transformación al arte del erotismo, tomando en cuenta algunos artistas del shibari tradicional y del contemporáneo que han contribuido en el crecimiento de esta práctica como un arte capas de subirse a un escenario, fotografía o performance como lo son Hobuyosi Akari, Kinoko Hajime, Akechi Denki, Benio Takara, Jay Freestyle y Gharnth Knigth 

 Shibari: Dolor o placer

Podemos encontrar antecedentes de las ataduras eróticas en las artes marciales que, como el hojojutsu (desarrollado en Japón en siglo XVI), fue una práctica que consistía en inmovilizar al oponente atándole, haciéndole prisionero. Asimismo, el arte de inmovilizar a un oponente usando una cuerda fue una de las 18 habilidades aprendidas por los guerreros japoneses, usada en el periodo Edo (siglos XVII-XIX). Algunas ataduras, pueden presionar sobre puntos vitales y restringir la respiración, estas prácticas fueron empleadas como castigo y tortura. Dependiendo de a qué clase social pertenecía el prisionero o el delito que hubiera cometido era presentado para ser juzgado con una atadura diferente cargada de simbolismo.

 La transformación de lo que fue un arma de guerra en un instrumento erótico ha sido un proceso no exento de derivas y diferentes corrientes que se mezclan en este largo camino.

 Itoh Seiyu, considerado el padre del kinbaku, se inspiró y partió de estas prácticas que afectuaban en los cuerpos de los prisioneros adaptándolas a sus prácticas eróticas transformándolas en un elemento de placer. Influenciado de igual forma por el género artístico pictórico japonés llamado shunga, en el que la temática principal es la representación sexual, también tomaba fotografías de su esposa atada que le servían de referencia e inspiración para sus trabajos. 

Nacido en 1882, Itoh recibió profundas influencias del arte del ukiyo-e (los bien conocidos grabados xilográficos sobre madera) y especialmente de los shunga o “dibujos de primavera”, grabados explícitamente sexuales inmensamente populares en la época.

                                                                                            Itoh Seiyu 


 Itoh Seiyu absorbió estas influencias y las combinó con su propia querencia por los juegos eróticos de dominación y sumisión (lo que hoy llamaríamos BDSM), haciendo nacer el arte del shibari. El shibari (atadura) o kinbaku (atadura tensa o fuerte) son dos términos que se emplean para designar un estilo japonés del bondage (realización de ataduras), que implica atar siguiendo ciertos principios técnicos y estéticos empleando cuerdas generalmente de fibras naturales (algodón).

 En occidente, estas y otras prácticas se tomaron como referentes para dar lugar a lo que se conoce como bondage, que está basado en la restricción corporal de la persona. Esta práctica puede realizarse a través de distintos materiales (cintas adhesivas, grilletes, telas, etc.). No obstante en esta investigación nos concentráremos específicamente en las cuerdas.

 Atadura erótica 

Después de hablar de todo esto, de su historia, sus orígenes y su transición de la brutalidad medieval a las cuales eran designadas estas prácticas, a su fino refinamiento como arte erótico. Se preguntaran ¿Cómo es que resulta erótico o placentero inmovilizar o restringir el movimiento?

 Cuando se piensa en cuerdas y en erotismo, la mente viaja hacia el bondage, el arte de inmovilizar a una persona con el objetivo de someterla para impartir dolor o placer, generalmente con un objetivo sexual. Pero en ese caso, el bondage es una herramienta para conseguir un fin. En cambio, el shibari, el arte de atar al estilo japonés, es a la vez camino y destino. Porque lo que se busca es sencillamente dejar que la persona sienta la sensación de las cuerdas, de su roce molesto o vibrante en puntos de presión clave, de dejar que le suspendan en el aire, de sentirse, en definitiva, a la merced total de alguien.

Para la persona atada, el efecto es en parte físico: la presión de las cuerdas sobre puntos sensibles y zonas erógenas, el roce que puede ser suave o áspero. En una suspensión entra en juego la ingrávida sensación de volar y perder los referentes; en una atadura sobre tatami o una cama, el sentirse manejada, empujada, acariciada por las cuerdas. Los efectos psicológicos son potentísimos: el chorro de adrenalina al sentirse indefenso y a la merced del atador, frente a la relajación y confianza de saberse en buenas manos y poder librarse de toda responsabilidad y vergüenza. “La atadura es un brazo fuerte” dice Josep Lapidario (2011) o Como dice el famoso fotógrafo Nabuyoshi Araki “atar fuertemente es abrazar… Las cuerdas se convierten en una extensión de los dedos del atador”. (2009)



                                                                                             Noboyosi Araki 

 Existen tantas maneras y formas de excitación como personas en el mundo, independientemente de qué prácticas sexuales llevemos o no a cabo y con quién o con quiénes las practiquemos. La comunicación y el placer son la base.

El establecimiento de una comunicación fluida entre atador y atado convierte una sesión de shibari (sea performance con público, sea juego privado) en un baile intenso erótico. Entra también en juego el aspecto estético: la disposición de las cuerdas realzando y subrayando las formas de la persona atada, la contorsión erótica de los cuerpos, las posturas tanto expuestas como recogidas, tensas o relajadas.

Existen aspectos, como la calidad estética del conjunto cuerda-atamiento-sumisa o sumiso, el plano triangular formado por el maestro (atador), la persona atada y el espectador y tiene, además, muy en cuenta el efecto energético negativo o positivo sobre ciertos puntos del cuerpo de la persona entregada al maestro, relacionados con los meridianos energéticos del cuerpo humano según la tradicional medicina oriental.

Actualmente, el arte del shibari se extiende no solo entre los círculos más selectos, sino también a través de talleres en los que no se busca aprender a ser un experto en una sola sesión, pero sí entender el concepto y adentrarse en estas sensaciones, con la seguridad de saber que se aprenden de la mano de un maestro. Algo así como una forma de aprender a atarse precisamente para liberarse.

Se enseñan las técnicas para hacer que atar sea una actividad lo más segura posible, ya que como alerta Antonio Shibarita, realizar esta actividad a la ligera “puede conllevar riesgos claros; el más común de ellos, la posibilidad de daños nerviosos importantes, si la atadura no está bien realizada” (2017). Para ello durante el taller se explican las estructuras y patrones necesarios y la conexión entre el que ata y el que es atado.

No todo el mundo se siente cómodo en este tipo de talleres. Al fin y al cabo se trata de ponerse en las manos de otra persona, que no siempre es alguien conocido, y dejar no solo que ate tu cuerpo, sino también que conecte contigo de una forma física y mental. Pero esa es la gracia, no solo notar el cáñamo en la piel, o cómo los nudos provocan sensaciones inesperadas, sino también dejar de tener el control por un momento para cedérselo a otro, hasta el punto de levitar, en el sentido estricto de la palabra.

El arte del shibari no solo conlleva ataduras, sino también suspensiones o semi-suspensiones en el aire, en las que las sensaciones se intensifican y la seguridad, en consecuencia, también. Es por ello que es clave conocer los diferentes tipos de ataduras, según las necesidades. Los nombres son muchos; «todos provienen del japonés: takatekote, goteshibari, futomomo, tzuri, ebi y una larga lista».

Cada una de ellas implica no solo presionar diferentes puntos de placer o de dolor, sino que también tienen un sentido estético, ya que el shibari también es un homenaje a la silueta del cuerpo.

Es importante aclarar que para un mejor resultado de la práctica debe existir una gran conexión psicológica y física entre el atador y el atado, el atador trasmite a través de las cuerdas y su presión energías y sensaciones que ayudan a que el atado logre entrar en ese trance erótico o mental ya que esto satisface las necesidades de placer del atado y el atador. Ese es el placer que obtenemos fuera del constructo normativo, Nos erotizamos de forma diversa y, en ese sentido, caben multitud de modelos en cuanto a forma de expresión, géneros, belleza y prácticas.

Formamos parte y manejamos un sistema simbólico de extrema complejidad. La sociedad también construye la definición de los cuerpos para que cumplan determinados objetivos, y si no eres el cuerpo que la sociedad necesita simplemente estás fuera. ¿Y si nos atamos?

                                                                                         
                                                                                                         
                                                                                                                 Edgar Virgen




 Un componente psicológico 


Si bien hay quien acude a una sesión de shibari en busca de un componente erótico, también hay quien lo que busca es una sanación más bien mental, ya que este tipo de técnicas también pueden llegar a ser efectivas en el caso de bloqueos emocionales.

Según el experto Shibarita, a lo largo de sus múltiples sesiones y talleres como atador, las personas que ha atado le han comunicado sensaciones de paz, relax, estado de ingravidez, de trance, de confianza y, aunque parezca extraño, de libertad.

En relación a su uso con un fin erótico, que también lo tiene, todo dependerá siempre de que ese sea el deseo de las dos partes, y que sea un juego siempre consensuado. Hay múltiples posibilidades en las ataduras, apunta Shibarita, que explica que si puede presionar o hacer vibrar una cuerda en cualquier parte del cuerpo, como en la espalda, también lo puede hacer en los genitales, o en otros puntos erógenos (2017).

Y qué hace el atador cuando tiene a la “víctima” a su merced? ¿La azota? ¿La acaricia? ¿La fotografía? ¿Folla con ella? ¿Deja que vuele? ¿Le venda los ojos para que se aísle del mundo exterior y se cueza en su propia salsa? Pues todo, parte o nada de lo anterior, dependiendo de la relación existente entre ambos (tan ligera como atador/modelo fotográfico o tan profunda como pareja habitual). Cada tipo de interacción tendrá su propia energía artística y vital.

 En definitiva, el shibari es más que atar a otra persona o una forma de buscar un placer inmediato; es un arte que puede liberar todo tipo de emociones, siempre y cuando se esté dispuesto no solo a rendirse a las cuerdas, sino a todas las sensaciones que estas quieran susurrar.



 Shibari como arte visual


 Se trata de un arte en plena evolución. Cambia de año en año por todo el mundo. Por eso, aunque en Japón tiene una connotación que bordea lo pornográfico, en Europa se dio a la vez una aceptación de ese hecho, pero también una transformación de sus posibilidades tanto eróticas como artísticas.

En la época pre-Internet, multiples publicaciones permitieron poner en contacto a modelos, atadores y aficionados, facilitando el intercambio de ideas, información y técnicas. De ese caldo de cultivo han ido surgiendo con el tiempo grandes nawashi (“maestros de la cuerda”), es decir, personas con reconocido talento para la atadura erótica. Para ser considerado un nawashi no hace falta sólo habilidad técnica, sino sobre todo sentido estético y capacidad para establecer una comunicación profunda con la modelo. Cada nawashi tiene su propio estilo: hay quien prefiere las suspensiones y quien favorece el bondage de suelo; hay quien gusta de los patrones ordenados y quien potencia la asimetría y la originalidad.No en balde, este tipo de nudos ha sido protagonista en campañas de publicidad, en performances, trabajos d fotografía o incluso vídeos musicales, aunque según Shibarita, “quizá su exponente más claro sean las estructuras montadas por Kinoko Hajime en varias salas de exposiciones”





                                                                                                  Kinoko Hajime


 El shibari es ante todo una comunicación íntima entre dos personas.Pero al ser un Arte tan visual y estéticamente potente, es lógico que encuentre uno de sus principales medios de expresión encima de los escenarios, no sólo de clubes especializados sino también de teatros, locales privados o incluso platós de televisión.

Artistas como Hobuyosi Akari, Kinoko Hajime, Akechi Denki, Benio Takara contribuyeron enormemente no solo al avance de la técnica de la atadura sí, no también a acercar al público su arte, mas allá de los círculos elitistas en que se movio el shibari en sus inicios.


                                                                                               Akechi Denki




                                                                     Benio Takara


Gran parte de los artistas del shibari que deciden subir a un escenario le deben mucho al maestro Osada Eikichi, primer nawashi en llenar locales con sus coreográficas e intensas actuaciones tras su primera y legendaria performance en el estudio de ballet Ars Nova de Tokio, en 1964.




                                                                                                    Osada Eikic


En la actualidad existen numerosos artistas y aprendices del shibari, que como estos pioneros de la esta técnica, están evolucionando y transformando día con día este arte oriental a sus gustos y preferencias artísticas creando, instalaciones, performance, fotografías o incluso pinturas como lo es Jay freestyle artista y tatuador, que retoma la pintura y la combina utilizando cuerdas reales o artistas como Gharth Knight que sale del shibari o kinbaku tradicional y lo lleva a instalaciones y composiciones mucho más grandes y complejas que una imagen.


                                                      Jay Freestyle




                                                                                                Garth Knignt


 Es un arte que engloba y se basa en el recalcamiento del cuerpo humano con infinidad de posibilidades de composición, el shibari en conclusión no solo se trata de atar una persona o de solo conseguir algún tipo de placer inmediato, es mucho más que eso. Es una total conexión entre ambas partes atador (maestro, artista) y atado (sumiso, lienzo), es todo un núcleo de confianza entre los involucrados incluido el espectador en el caso del performance o instalaciones, es más que solo un sentir físicamente si no también emocionalmente incluso hasta psicológicamente llegando a liberar un montón de emociones a la vez entrando a un trance en el que no existe el dolor si no puro y auténtico placer.







 Bibliografía 

 Lapidario, J. (2011) Shibari: el arte japonés de la atadura erótica. Recuperado 12 de junio, 2019 de https://www.jotdown.es/2011/10/shibari-el-arte-japones-de-la-atadura-erotica/

 Beloki, M. Cendal, S. (2016, 9 de Octubre) Cuerdas, ataduras y placer. Recuperado 12 de junio, 2019 de https://www.librerantes.com/cuerdas-ataduras-placer/

 Carpallio, S. (2017, 13 de Junio) Shibari: cuando atar es un placer. Recuperado 12 de junio de 2019 de https://www.yorokobu.es/shibari-no-es-bondage/

Ordean, C. ( 2018, 07 de Diciembre) El bondage con cuerdas y las corporalizaciones afectivas: Un análisis Rizomatico. Recuperado 12 de junio de 2019 de https://revistas.udistrital.edu.co/ojs/index.php/CORPO/article/view/14228

Samoran, C (2016, 16 de Abril) Nuboyosi Araki y su universo fotográfico. Recuperado 12 de junio de 2019 de https://www.xatakafoto.com/fotografos/nobuyosi-araki-y-su-universo-fotografico-entre-la-perversion-y-la-excelencia

 Anónimo (2015, 18 de Diciembre) Shibari. Recuperado 12 de junio de 2019 https://vdocuments.site/shibari-56731fee8627b.html

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